Alumnos:
- Iván Alexander Ribadeneira (90% DEL TRABAJO)
- Mario Alfredo Machado (10% DEL TRABAJO)
Curso: Segundo de Bachiller "D"
NOTA: EL TEXTO DESCRITO A CONTINUACIÓN CONTIENE INFORMACIÓN OBTENIDA DE OTROS SITIOS WEBS DIVERSOS PERO REDACTADA A GUSTO DEL ESCRITOR.
MANUELA SÁENZ AIZPURU
Esta ecuatoriana muy conocida nació
el 17 de diciembre 1797 Quito,
Virreinato de Granada fallecimiento: 23 de noviembre de 1856 (58 años) causa de
la muerte: difteria nacionalidad: ecuatoriana familia: María Joaquina de
Aizpuru y Simón Sáenz Vergara
Fue una patriota quiteña y compañera
sentimental de Simón Bolívar, reconocida por la
historiografía independentista hispanoamericana contemporánea como heroína de
la Independencia de América del Sur. Es conocida también como Manuelita Sáenz y
como Libertadora del Libertador por su decidida actuación defendiendo a Simón
Bolívar durante un atentado en su contra.
Reconocida
en muchos países como principales; Argentina, Colombia, Venezuela, y Ecuador
NIÑEZ Y ADOLESCENCIA
Hija
del hidalgo español Simón Sáenz y de la criolla María Joaquina de Aizpuru,
nació en Quito el 27 de diciembre de 1797,
aunque algunas fuentes citan el año de 1795.
Su madre, que había sido enviada a la hacienda
Cataguango, propiedad de los Aizpuru, a dar a luz, murió, según unas versiones,
al día que nació Manuela o, según otras, dos años más tarde, por lo cual la
niña fue entregada al Convento de las Monjas Conceptas (Real Monasterio de la
Limpia e Inmaculada Concepción), en el que pasó sus primeros años bajo la
tutela de su superiora, sor Buenaventura.
En 1815, a los 17 años huyó del convento,
en un episodio del que se sabe pocos detalles, y del cual ella no hablaba, pues
al parecer fue seducida y luego abandonada por Fausto D’Elhuyar, oficial del
Ejército Real, sobrino de Juan
José Elhúyar e hijo de Fausto Elhúyar (los descubridores del tungsteno).
En 1817,
se une en un matrimonio de conveniencia con el acaudalado médico inglés James Thorne.
Por sus actividades pro independentista, San
Martín, luego de haber tomado Lima con sus milicianos y proclamado su
independencia el 28 de julio de 1821, le concedió a Manuela el título de
Caballeresa de la Orden El Sol
del Perú.
En 1821,
a raíz de la muerte de su tía materna, Manuela decidió regresar al Ecuador,
para reclamar su parte de la herencia de su abuelo materno, y viajó con su
medio hermano, entonces oficial del batallón Numancia, ya integrado al ejército
libertador con el nombre de Voltígeros
de la Guardia y bajo las órdenes
del general Antonio José de Sucre,
que había recibido la orden de trasladarse a Quito.

LOS
AÑOS TURBULENTOS
Ella lo sabía mejor que nadie: “Lo que soy en realidad -escribió- es un carácter formidable, amiga de
mis amigos y enemiga de mis enemigos”.
A causa de esa vigorosa personalidad, Manuela Sáenz, “la
libertadora del Libertador”, debió sufrir en vida el ataque persistente y
enconado de los defensores de “los prejuicios de la sociedad” -como ella misma
los llamaba—, de los numerosísimos enemigos de su egregio amante -Simón
Bolívar-, y aun el de algunos amigos de este. Muerta, cayó sobre ella un espeso
manto tejido de silencio y calumnias.
Pero aunque el destino y los hombres se esforzaran por borrar sus
huellas y distorsionar su imagen, ella supo siempre -con la misma fe que la
sostuvo y alentó en tantos momentos angustiosos- que habría de ser finalmente
reivindicada. “El tiempo me justificará”, escribió. Y así ha sido, en efecto.
La libertadora del libertador
Pero en 1822, después de la victoria patriota, sus esfuerzos y su
valor se vieron recompensados: fue una de las 112 damas de Lima que recibió,
por decisión del general San Martín, la Orden del Sol, la más preciada
condecoración de la Sudamérica liberada.
Sin embargo, no se sintió satisfecha con la intensa vida social
que desarrolló en los altos círculos de Lima antes y después de la
Independencia. Acaso por eso regresó a Quito, justo a tiempo para presenciar la
entrada triunfal de Bolívar.
Fue en el gran baile de la Victoria, celebrado en casa de Juan de
Larrea el 16 de junio de 1822, donde se encontraron por primera vez la señora
de Thorne y Simón Bolívar. A ella le bastó un breve lapso para conquistar la
galante atención de todos los oficiales de Bolívar, y sobre todo la de este.
El altivo porte de Manuela, la elegancia de sus vestidos y de sus
movimientos, su lenguaje, su rapidez para la réplica aguda, sus juicios
lapidarios sobre los miembros de la sociedad quiteña, que le eran bien
conocidos, hicieron comprender al héroe que se hallaba ante una mujer
excepcional. Bajo las miradas envidiosas de todas las damas presentes, “la
bastarda” y el Libertador bailaron, charlaron y rieron juntos casi toda la
noche. Juntos también dejaron la residencia de los Larrea.

Al cabo de doce días dedicados a las urgentes tareas de la
Independencia, y de doce noches consagradas a Manuela, Bolívar se percató de
que este nuevo amor amenazaba absorberlo por entero. Él no se debía a una mujer
sino a un continente. Experimentó por eso cierto alivio cuando tuvo que salir
para Guayaquil el 4 de julio, a entrevistarse con el general San Martín. Creía
poner así punto final a lo que consideraba una aventura pasajera más.
Pero no conocía bien a “la Sáenz”, como la llamaban
despectivamente las damas quiteñas. Manuela había decidido que su relación con
Simón Bolívar fuese duradera, y ella era tan rápida para tomar una resolución
como tenaz para llevarla a cabo y sobreponerse a los obstáculos que se le
opusieran.
Fue así como Bolívar la vio aparecer otra vez en Lima en
septiembre de 1823. En corto tiempo Manuela supo hacerse indispensable al
Libertador, no solo como amante sino también en las múltiples tareas de la
Revolución. Su conocimiento íntimo de la sociedad limeña y del carácter y las tendencias
políticas de sus miembros resultó utilísimo a Bolívar. Por sobre todo, este
sabía que podía contar ilimitadamente con esa mujer valerosa y enamorada.
En octubre la señora de Thorne fue incorporada oficialmente al
Estado Mayor de Bolívar como encargada del archivo. Desde ese momento sus
destinos quedaron unidos, no obstante ocasionales- separaciones impuestas por
los azares de la guerra.
Su entrega total a la persona y al ideal de Bolívar quedó
demostrada la famosa noche de septiembre de-1828, en Bogotá, cuando, sable en
mano, hizo frente a las pistolas y cuchillos de los completados que venían a
dar muerte al prócer. Su arrojada conducta dio tiempo a este para ponerse a
salvo, organizar la represión y regresar luego a abrazarla y decirle conmovido:
-“Manuela, mi Manuela, eres la
libertadora del Libertador”.
Muchas de estas peripecias políticas podrían quizás haberle sido
ahorradas al Libertador, si hubiese escuchado más a Manuela, que demostró
poseer una intuición infalible para detectar a los enemigos ocultos.
En 1830, al morir Bolívar, Manuela intentó suicidarse, pero aún le
quedaban muchos años de vida desdichada. Desterrada sucesivamente de Colombia y
de Ecuador, acabó como vendedora de tabaco en Paita, un minúsculo puerto del
norte peruano. Inválida desde 1847, no pudo escapar cuando una epidemia de
difteria asoló la región en 1856.
El 23 de noviembre de ese año sus restos fueron arrojados a la
fosa común, y sus papeles -la voluminosa correspondencia con el Libertador-
ardieron en la fogata encendida por el Cuerpo de Sanidad.
Un amigo llegó a tiempo para rescatar tan solo una hoja
ennegrecida donde aún podía leerse: “El hielo de mis años se reanima con tus
bondades y gracias. Tu amor da una vida que está expirando. Yo no puedo estar
sin ti, no puedo privarme voluntariamente de mi Manuela.”

EN EL ARTE: LIBROS, NOVELAS, OPERA, PROGRAMAS
DE TELIVISION
En 1809 la aristocracia criolla ya se hallaba
conspirando contra el poder de los hispanos, y a partir de entonces comenzaron
a sucederse un conjunto de revueltas sangrientas. Quizá las circunstancias familiares
llevaron a Manuela a optar por los revolucionarios.
En 1809 la aristocracia criolla
ya se hallaba conspirando contra el poder de los hispanos, y a partir de
entonces comenzaron a sucederse un conjunto de revueltas sangrientas. Quizá las
circunstancias familiares llevaron a Manuela a optar por los revolucionarios.
Quizo morir por la muerte de su
amado por medio de una carta decidió
suicidarse se dejó morder por una víbora
y fue salvada por los habitantes del lugar.
Antes de la muerte del Libertador
se levantó una ola de calumnias en su contra por parte de Santander, y Manuela
decidió escribir, como forma de protesta, La Torre de Babel (julio de 1830),
motivo por el cual se le emitió una orden de prisión.
Seguidamente, tuvo lugar la
persecución de los colaboradores de Bolívar, que la consideraban peligrosa.
Así, el 1 de enero de 1834, le ordenaron que abandonara la nación en un plazo
de trece días. Mientras tanto, fue encerrada en la cárcel de mujeres y
conducida en silla de manos hasta Funza, y de allí, a caballo, hasta el puerto
de Cartagena con destino a Jamaica.
Manuela volvió al Ecuador en
1835. El presidente Vicente Rocafuerte, ante la noticia de su llegada,
determinó su salida del país. Esto le llevó al destierro.
Exilio y muerte
Después de que fuera aceptada su dimisión a la
presidencia, Bolívar abandonó la capital el 8 de mayo de 1830 y falleció en
diciembre en la ciudad de Santa
Marta producto de un trastorno hidroelectrolítico (aunque durante mucho tiempo se ha
supuesto que murió de tuberculosis),
sumiendo a Manuela en la desesperación. En 1834, el gobierno de Francisco de
Paula Santander destierra a
Manuela de Colombia y ella parte hacia el exilio en la
isla de Jamaica. Regresa a
Ecuador en 1835, pero no alcanza
a llegar a Quito: cuando se encontraba en Guaranda,
su pasaporte fue revocado por el presidente Vicente
Rocafuerte, por lo que decidió instalarse en el puerto de Paita, al norte del Perú.1 Allí
fue visitada por varios ilustres personajes, como el patriota italiano Giuseppe Garibaldi, el escritor
peruano Ricardo Palma (que se basó en sus relatos para
redactar parte de sus Tradiciones
peruanas) o el venezolano Simón
Rodríguez. Durante los siguientes 25 años se dedicó a la venta de tabaco, además de traducir y escribir
cartas a los Estados Unidos de parte de los balleneros que pasaban por la zona, de hacer
bordados y dulces por encargo.
En 1847,
su esposo murió asesinado, siendo incapaz de cobrar ni siquiera los 8000 pesos
de la dote entregada por su padre al momento de su matrimonio.
Manuela falleció el 23 de noviembre de 1856,
a los 58 años de edad, durante una epidemia de difteria que azotó la región. Su cuerpo fue sepultado en una fosa
común del cementerio local y todas sus posesiones, para evitar el contagio,
fueron incineradas, incluidas una parte importante de las cartas de amor de
Bolívar y documentos de la Gran
Colombia que aún mantenía bajo su
custodia. Manuela entregó a O’Leary gran parte de documentos para elaborar la
voluminosa biografía sobre Bolívar, de quien Manuela dijo: «Vivo adoré a
Bolívar, muerto lo venero».
VALORACIÓN
HISTÓRICA
Manuela Sáenz es sin duda uno de
los personajes más interesantes de las guerras de independencia de América del
Sur. Según sus detractores, su relación con Simón Bolívar opaca sus propios
méritos personales, como una de las grandes defensoras de la independencia de
los países sudamericanos y como una de las más destacadas y avanzadas
defensoras de los derechos de la mujer.
Homenaje en Argentina
En mayo de 2010, durante una visita oficial, el
presidente ecuatoriano Rafael Correa develó
en Buenos Aires un busto de bronce donado por
su gobierno, que fue emplazado en la plazoleta ubicada en las intersección de
las calles Manuela Sáenz y Juana Manso, extremo norte del parque Mujeres
Argentinas en el sector de Puerto Madero.
Homenaje en Colombia
En Bogotá existe
el museo "La Casa de Manuelita Sáenz" ubicado en la casa que esta
dama habitó de 1828 a 1830, hasta después de la muerte del Libertador cuando es
obligada a abandonarla. Situada en la Plazuela de San Carlos (actualmente la
Plazuela Rufino José Cuervo), en La Candelaria,
barrio histórico de Santa fe de Bogotá. Integrado con el Museo de Trajes Regionales,
este museo le abre particularmente un espacio al estilo y vestuario de
Manuelita.
En el sur de Santa fe de Bogotá, en la ciudad de Santiago de
Cali y en el municipio de Dosquebradas (Risaralda),
existen colegios o establecimientos educativos que llevan el nombre de
Manuelita Sáenz quien es considerada en Colombia como una de las grandes
heroínas, procederes de la independencia de la nación
En el 2010 la alcaldía mayor de Santa fe de Bogotá, en el marco de la
celebración del Bicentenario de la Independencia de la República de Colombia,
programó un homenaje a Manuelita Sáenz con actos que incluyeron la lectura de
sus cartas, a cargo de actrices colombianas, el jueves 8 de julio frente al Palacio de San Carlos, y
un acto de despedida en la Quinta de Bolívar el viernes 9 de julio de
la caravana proveniente de Ecuador que llevaba restos simbólicos de Manuelita a
Venezuela.
Homenajes en Ecuador
En el barrio San Marcos, sector del Centro Histórico de Quito, existe un museo
dedicado a su memoria, creado en 1994.
En la capital ecuatoriana también hay un pequeño
busto suyo en el parque de La Alameda; una calle lleva su nombre, así como una
de las 8 administraciones zonales, concretamente la de Zona Centro; además, en
2010, durante la ceremonia de conmemoración por los 188 años de la Batalla de Pichincha, fue develado otro
busto en el Salón de Armas del Templo de la Patria.
Manuela Sáenz combatió en la Batalla de Pichincha a su regreso del
Perú y recibió el grado de teniente de húsares del Ejército Libertador.
Posteriormente combatió en la de Ayacucho bajo las órdenes del mariscal Antonio José de Sucre, quien le sugirió a
Bolívar su ascenso a coronela, rango que le fue concedido. El 22 de mayo de
2007, en el marco de la conmemoración de la Batalla de Pichincha el presidente
ecuatoriano Rafael Correa le concedió a Manuela Sáenz
el grado de generala de honor de
la República de Ecuador.
Homenaje en Venezuela
El 5 de julio de
2010, en el marco de la conmemoración del 199.° aniversario de la firma del Acta de
Independencia de Venezuela, llegó al Panteón Nacional un cofre que
contenía tierra de la localidad peruana de Paita, donde fue enterrada
Manuela Sáenz. Estos restos
simbólicos fueron trasladados por tierra atravesando Perú, Ecuador,
Colombia y Venezuela hasta arribar a Caracas,
donde reposan en un sarcófago diseñado para tal fin junto al Altar Principal en
el que yacen los restos de Simón Bolívar. Además, a Sáenz se le concedió
póstumamente el ascenso a general de división del Ejército Nacional Bolivariano por
su participación en la guerra independentista, en un acto que contó con la
presencia de los presidentes de Ecuador y Venezuela.
En 2013 el gobierno de Venezuela inauguró un monumento a
Manuela Sáenz denominado Rosa Roja de Paita una escultura de 14
metros ubicada justo al lado del Mausoleo de Simón Bolívar en Caracas.
Fuentes de Consultas:
https://es.wikipedia.org/wiki/Manuela_S%C3%A1enz
http://historiaybiografias.com/manuela_saenz/
http://www.omni-bus.com/n26/consuelo.html
http://www.biography.com/people/manuela-s%C3%A1enz-38231
http://stanbymeagain.blogspot.com/2012/04/carta-de-manuela-saenz-bolivar.html
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